Diario Financiero, 2025
De la intención a la gestión, el desafío ahora es transformar el compromiso con la participación femenina en acciones concretas que impulsen su presencia en la alta dirección.
Esto implica avanzar desde las declaraciones hacia estructuras, prácticas y decisiones que abran más espacios de liderazgo, asegurando que el progreso no dependa solo de la motivación, sino de una gestión estratégica y sostenida en el tiempo.
Visibilizar a la mujer en la alta dirección
Este año, el Ranking IMAD analizó un total de 136 empresas pertenecientes al sector bursátil, multinacionales y públicas, con ventas anuales superiores a las 100 mil UF, según los datos del SII, y que tengan en su planta 100 trabajadores o más.
La metodología está basada en tres pilares: transparencia, trazabilidad y consistencia y, para la composición del puntaje, se combinan la proporción de mujeres en puestos de ejecutivos principales o de primera línea -que equivale al 50%-, la proporción de mujeres en puestos de directorio (30%) y la proporción de mujeres en puestos de trabajo respecto al total de trabajadores de la empresa (20%). Una vez calculado el puntaje ponderado, se otorga una bonificación especial a aquellas empresas donde una mujer ocupa un cargo crítico de alta responsabilidad.
La gerenta de desarrollo de Mujeres Empresarias, Josefina Barros, explica que los bonos adicionales “reconocen algo muy simple pero potente: que no todas las posiciones de liderazgo tienen el mismo impacto dentro de una organización”. A su juicio, la representación tiene un efecto multiplicador, ya que genera referentes, abre espacios y cambia la conversación dentro de la empresa.
Por ello, recalca que la bonificación refleja que la presencia femenina en los cargos de mayor responsabilidad tiene un valor simbólico y real que impulsa transformaciones profundas.